Consulta aquí la entrevista a David P. Sañudo, director de “Un coche cualquiera”

Una noche de fiesta cualquiera, unos borrachos cualquiera, un coche cualquiera… aparentemente nada tiene relación en el cortometraje “Un coche cualquiera” dirigido por David Pérez Sañudo. Sin embargo la historia se va complicado hasta que todo lo que pasa forma parte de una enmarañada trama en la que todo lo que ocurre es cualquier cosa menos “cualquiera” y que nos demuestra una vez más que el mundo es muy pequeño.

Fotograma de "Un coche cualquiera"

Fotograma de “Un coche cualquiera”

Un chico (Álvaro Cervantes) sale de un local para irse a su casa pero cuando se dirige a su coche hay un grupo de quinquis borrachos que le impiden montarse. Lo que parece que va a ser un vacile al niño rico de turno con su Volvo se termina convirtiendo en mucho más. Resulta que uno de los macarras que están en su coche descubre el banco en el que trabaja Cervantes (aquí descubrimos que es un banco de Euskadi y que el protagonista no es de allí, ¡ojo, este detalle será importante para entender toda la historia) y da la casualidad de que la hermana de este chico ha sido despedida por mediación de ese banco. Aquí el cachondeo pasa a ser más bien una vendetta personal contra el protagonista queriendo humillarle. Una vez piensas que el guion ya no da más de sí, ya que el banquero ha escapado de las burlas de los chicos, y puede entrar en su coche viene el plot twist de la historia y es que el coche que con tanto celo intentaba proteger no es suyo. Pero ¿por qué tanto empeño en su coche? ¿Por qué hacerse pasar por quien no es? ¡¡NO SPOILERS!! Para saberlo tendréis que adentraros en “Un coche cualquiera”.

Si bien ese plot twist final es un soplo de aire fresco y desconcierto que se agradece, quizás deja la sensación de que el entramado sea demasiado para los 10 minutos de duración de la historia, y que debería haberse desarrollado un poco mejor para que fuera perfecto. Aun así el trabajo de Pérez Sañudo consigue todo lo que tiene que tener un corto para ser efectivo: narrar una buena historia en un breve tiempo, atrapar al espectador y dejarle pensativo, rumiando lo que ha visto después de visionarlo. 

En cuanto a las interpretaciones destacar el trabajo de Álvaro Cervantes que nos trasmite su angustia y desesperación, ya que realmente llegas a pasarlo mal poniéndote en su lugar, y lo consigue sin adelantar el giro final de la historia y el por qué real de esa desesperación.

En definitiva, un corto para nada cualquiera que no os podéis perder y del que sacaréis vuestro propio análisis. 

Por Raquel Martín