«Los Fugaz son unos premios muy necesarios porque, además de valorar el mejor corto, también reconocen el trabajo de todos los departamentos y les dan una visibilidad enorme«. Con estas palabras pone en valor el cineasta Dani Feixas, director de París 70, Premio Fugaz a mejor cortometraje en 2023, los Premios Fugaz, que cumplen 10 años.⁣ ¡Acompáñanos en este viaje a lo largo de nuestra historia!

¿Cómo te sentiste al conseguir cuatro galardones en la séptima edición de los Premios Fugaz con ‘París 70’?

Para ponerte en contexto, cuando estrenamos *Paris 70* en los Premios Fugaz estábamos justo empezando el circuito de festivales. Yo, sinceramente, no tenía ni idea de lo que estaba a punto de suceder con este corto. Hasta ese momento solo habíamos estrenado en dos festivales calificadores de los Goya: Skyline (donde ganó su primer premio) y La Almunia.

Mi primera gran sorpresa llegó cuando recibimos las 7 nominaciones. Vernos ahí, al nivel de *Arquitectura emocional* de León Siminiani, fue un honor enorme. Admiro muchísimo su trabajo y lo currante que es, así que me pareció increíble.

Luego llegó la gala. Poder recibir 4 galardones, incluido el de mejor cortometraje de ficción, fue un subidón inmenso. La gala de los Fugaz se vive de una forma muy especial: tiene un ambiente sano, cercano, casi familiar. Te notas rodeado de amigos y de gente que ama el cortometraje, y eso se transmite en el trato y en el buen rollo del ambiente.

La verdad es que no iba con la idea de ganar, sé lo complicado que es, y tampoco me entusiasma esa sensación de tener que “competir” entre los que hacemos cine. Pero cuando pasó, lo disfruté igualmente. Sobre todo porque pude compartirlo con parte del equipo del corto, que también estaba en la gala.

¿Qué es lo más importante al abordar en un cortometraje una realidad tan delicada como el alzhéimer y los cuidados paliativos?

Sinceramente, no lo sé. No tengo ninguna teoría sobre esto. Pero, por sentido común, entiendo que el respeto hacia todas las realidades y hacia las personas que las viven es fundamental.

Yo simplemente hago lo que me marca el instinto. Leo el guion, me documento sobre el tema, hablo con gente que lo ha vivido y busco conexiones con mis propias experiencias. En *Paris 70* me interesaba mucho conocer la opinión de profesionales antes de rodar.

Después le doy vueltas al proyecto durante semanas, y cuando aparece una idea que creo que puede funcionar a nivel narrativo, la apunto. Y creo que lo bonito del cine es precisamente eso: cada persona tiene una manera distinta de interpretar y de trabajar. Por eso cada película, incluso hablando del mismo tema, termina siendo diferente.

¿Qué significa para ti formar parte de la historia de los Premios Fugaz?

Visto en perspectiva, es un placer y un honor. Ganar en los Fugaz me ha situado al lado de otros premiados que han pasado por aquí, directores y productoras a los que admiro, algunos de ellos amigos. En otros años han ganado cortos como *Madre* de Sorogoyen y María del Puy, *El monstruo invisible* de Fesser, *La gran obra* de mi querido Àlex Lora, y tantos otros trabajos increíbles que incluso quedándose en nominaciones han marcado mucho, como *Votemos* de Santi Requejo, *Distancias* de Susan Béjar o *Cerdita* de Carlota Pereda y Merry Colomer, por mencionar algunos.

Creo que son unos premios muy necesarios porque, además de valorar el mejor corto, también reconocen el trabajo de todos los departamentos y les dan una visibilidad enorme. Esto también lo hacen muy bien en varios festivales de cortometrajes (no mencionaré ninguno para no dejarme a nadie), pero es verdad que para ellos es muy complicado financiar todos los premios, viajes y alojamientos.

¿Qué corto recomendarías ver a todo el mundo?

Sí, ahora mismo me vienen a la cabeza *Room Taken* o *Clodagh* porque compartieron shortlist de los Oscar conmigo, pero hay un montón de cortometrajes buenísimos.

¿Qué es más importante en un corto: el primer plano o el último?

No lo sé, pero a mí me gusta mucho el plano secuencia.

¿Qué papel juega la emoción en un corto?

Creo que hoy en día es lo único que nos queda, ¿no? Tener la capacidad de emocionarnos es maravilloso. En la era de la IA y los CGI ya no me impresiona nada: ya lo he visto todo y cada vez es peor. Lo que es únicamente técnico y estético me aburre muchísimo.

Que un corto de pocos minutos tenga la capacidad de emocionarte es mágico. Que en tan poco tiempo consiga dejarte pensando durante todo el día es muy fuerte. El corto no tiene el margen de error que sí tienen los largometrajes: no se puede permitir perder el ritmo y remontar al final. Un corto es todo o nada; por eso es tan complicado.

¿Qué debería proteger la industria para que el cortometraje siga vivo?

El cortometraje siempre seguirá vivo porque nunca ha dependido de la industria. Lo que ocurre es que en la industria española no se considera un formato válido para la comercialización, porque aún no se ha encontrado la forma de que sea vendible en salas de cine, televisiones y plataformas. En otros países lo llevan mejor, pero sigue siendo una tarea pendiente.

A veces se considera un formato amateur y experimental, y en muchos casos lo es, y debe serlo. Pero también es un formato profesional donde se crean verdaderas joyas cinematográficas (España es un gran ejemplo de ello), que son mejores que muchos largometrajes. El corto no se está cuidando como debería, y eso me entristece.

La última, para completar: #ElCortoEsCine porque el cine nació con los cortos.