«Mentiría si dijera que no me produce una enorme felicidad haber logrado dos galardones a mejor interpretación masculina en la historia de los Premios Fugaz«. declara el cineasta Ramón Barea, ganador de dos Fugaz por La entrega (2002) y 29 de febrero (2025) y protagonista de la entrevista de hoy. ¡Acompáñanos en este viaje a lo largo de nuestra historia!

¿Cómo te sientes al haber logrado dos galardones a la mejor interpretación masculina en toda la historia de los Premios Fugaz?

Mentiría si dijera que no me produce una enorme felicidad. Son raciones de mimos que te ayudan a mantener la autoestima profesional y eso “es muy bueno para el organismo”.

Después de tantos años en la profesión, ¿qué te sigue emocionando del oficio de actor?

Yo es que no me imagino de otra manera que siendo actor, trabajando alrededor de la ficción, de la verdad imaginada, de la interpretación de la vida y del mundo en un escenario, en una película, en un vídeo… Llevo más de 50 años (¡cómo pasa el tiempo!) tratando de interpretar la vida, de agarrarla desde la ficción para entender este acto improvisado y sorprendente que es la vida. Actuando, escribiendo, dirigiendo… Yo, en mi currículum resumido, pongo: “Actor, y cosas así”.

¿Qué no debería perder nunca un cineasta, aunque alcance el éxito?

La capacidad de riesgo. Su propia personalidad, a pesar de las dificultades. La resistencia. La calma. El desapego.

¿Qué papel ha marcado un antes y un después en tu trayectoria?

Varios, a lo largo de mi trayectoria; muchos, en diferentes etapas. Curiosamente, tanto en largos como en cortos. Últimamente he acumulado premios y nominaciones por trabajos de largo y cortometraje que han sido pequeños hitos: Negociador, La Entrega, Cinco lobitos… Es difícil quedarse con unos pocos. Siento que cada nuevo trabajo es una nueva aventura, es como volver a empezar. Llevo más de 200 trabajos audiovisuales y siempre tengo la sensación de que estoy empezando, de que poco a poco voy cogiendo el tranquillo al oficio. De que lo próximo va a ser mejor. Ya ves.

¿Hay algo que te queda aún por explorar como actor?

No sé. Me he movido en todos los géneros: comedia, drama, terror, thriller… Cada nuevo trabajo es una aventura, busco la verdad en los personajes y cada uno tiene la suya. Y, insisto, son retos que te aparecen tanto en cortos como en largos.

¿Qué te atrae de participar en un proyecto corto frente a uno largo?

Es que he tenido la suerte de que muchos de los cortos en los que he participado se han visto mucho o han sido óperas primas de grandes cineastas. Los cortos me han dado muchas satisfacciones. Creo que nunca he tenido que decir no a una propuesta de corto, porque siempre me han llegado cosas muy atractivas.

¿Qué significa para ti formar parte de la historia de los Premios Fugaz?

Un honor.

La última, para completar: #ElCortoEsCine porque… las emociones cinematográficas no entienden de medidas.